lunes, 8 de diciembre de 2008

Porque sólo podemos ver retratos

En ocasiones, los lugares cobran una especial relevancia al verse amparados por las cualidades humanas del envejecimiento, del discurrir y la extinción, cuando han desaparecido o transformado en lugares nuevos. Así sucede con fotografías antiguas que muestran comercios, edificios que no han permanecido, avenidas con más árboles, o menos árboles. Con ellos se ha disuelto en la memoria un tiempo que, sin embargo, es nuestro todavía. Lo que ha dejado de existir en el paseo no son los bancos ni la glorieta, ni el escaparate, ni el quiosco, sino el domingo feliz e irrepetible, o aquel otro que convirtió las tardes de otoño en pesadilla para siempre. Porque sólo podemos ver retratos.
video
Videopoema. Ricard Martínez, Del material con que se rellena un cráter (2007)